jueves, 7 de agosto de 2008

Extractos de una conversación perdida (Vol. 1)



- !Espera! - grité en una súplica - No te vayas... no me dejes sola.
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Me miraste con una mezcla de tristeza y rabia. Era la segunda vez que te pedía lo mismo, a sabiendas de que no podrías negarte. Nunca pudiste hacerlo, a pesar de que mi sola presencia te hería.
Siempre estuve en la cima de tus prioridades, y yo solía olvidarme de tí a menudo. Pero cuando en un arranque de valentía tratabas de marcharte, yo te lo impedía, pues soy demasiado egoísta para dejarte ir.
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Si, soy egoismo puro, y esta no sería la excepción. O al menos, eso creía.
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- ¿Para qué quieres que me quede? - me espetaste dolido por primera vez, y yo no supe que responderte.
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¿Para qué? me pregunté también, sin encontrar una respuesta.
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A mi mente acudieron mil imágenes de los momentos juntos. Yo reía en todas ellas y tú también. Pero jamás llegué a imaginarme que por dentro te estaba destruyendo, tan sutilmente como el viento puede destruir una flor, quitándole los pétalos con sus suaves soplidos.
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Nunca me había sentido tan criminal.
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- ¿Para qué? - repetiste ceñudo - No creo que tengas miedo a quedarte sola, ¿o si?
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¿Sola?. En cierto sentido siempre lo estuve, aunque si debo confesarme, creo que fue por opción.
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No. No era eso. Sin embargo, tampoco podía explicar el terror que tenía a que te marcharas.
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- Yo... yo no lo sé - confesé bajando la mirada.
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Siempre había sido la fuerte de los dos, la que se imponía.
Pero ahora, tu mirada era tan intensa que lograste que me avergonzara de mi persona. Porque no era capaz de identificar lo que estaba sintiendo. Porque mi inteligencia emocional siempre fue cero.
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- No me sorprende - dijiste en un suspiro, y elevaste los ojos al cielo - Dudo que alguna vez lo supieras.
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Golpe bajo. Pero me lo comí callada. Era lo menos que me merecía.
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- No creas que me es fácil, tú sabes que jamás te podré sacar mi cabeza, pero al menos lo intentaré... - agregaste mientras jugabas con las llaves en tus manos - !Oh vamos, no llores! Para mañana, probablemente estarás bien otra vez. Siempre lo estás. Olvidas rápido. Una virtud muy conveniente.
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No pude contradecirte, me conoces demasiado bien.
Maldita lágrima traicionera refunfuñé para mis adentros, secándomela disimuladamente con la palma.
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- Entonces, ¿esto es el adiós? - pregunté tratando de asegurarme del hecho, siempre mi mente tendía a tergiversar las cosas.
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- Supongo - respondiste encogiéndote de hombros - Aunque quizás algún día te las arregles para que vuelva. Es lo que haces, ¿no?
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Me removí incómoda.
Antes solo recibía palabras dulces y gestos cariñosos.
Ahora me sentía atacada hasta las entrañas sin posibilidad de defensa.
Era un caso perdido.
¿Para qué gastar saliva? ¿Para qué mentir?
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- Déjame creer que puedo olvidarte. Regálame eso. - susurraste antes de girar y partir.
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Vi desaparecer tu espalda en cámara lenta, sintiendo una melodía prefabricada que mi imaginación lanzó en un intento de banda sonora. Me mordí la lengua para evitar detenerte.
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El sol se estaba ocultando y el sonido de los autos comenzó a tomar fuerza.
La gente que caminaba a mis costados - antes silenciosa - se volvió asquerosamente ruidosa.
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Respiré profundo y cerré momentáneamente los ojos.
Luego los abrí y levanté la mano para detener un taxi.
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Mi rostro volvió a la expresión habitual progresivamente. Cada kilómetro de regreso a casa era un potente calmante para mis nervios.
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Y al llegar a casa, a preparar la cena...
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...Ya lo había olvidado.

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1 comentarios:

lady_danielle | 11 de agosto de 2008, 9:01

Me sono algo familiar, diria que la protagonista de la historia es muy Feru... ¿o no?.

Me encantó... muy triste eso si, pero son cosas q suceden.. el "miedo a dejarlo ir".

Nos vemos un día de esto (hay muchas películas q debemos ver xD) kiss

Ember.