sábado, 6 de junio de 2009

Peor pesadilla



Caminaba absorto en sus pensamientos, avanzando entre la multitud ausente, esquivándola con habilidad adquirida por la práctica y los años.
Llevaba las manos en los bolsillos, y el mentón bien en alto, quizás demostrando soberbia, pero mas que todo, indiferencia. Odiaba a la gente. Cuanto la odiaba, sobretodo esos días, y más aún por la madrugada, cuando la escasez de sueño afectaba su humor de una manera tan potente que lo tornaba realmente insoportable. Y es que alejarse de esa seductora cama con frazadas y una suave sábana había sido toda una muestra de fuerza de voluntad, que no pretendía volver a repetir... para la próxima, sucumbiría a los placeres de su colchón mullido, y al inconmesurable agrado que le otorgaba ocultar la cabeza bajo la almohada y roncar.

- Demonios - masculló, lamentando su mala fortuna.

El frio golpeaba sus mejillas, coloreándolas, mientras su nariz, cada vez más helada, amenazaba con rodar por el piso. Sin embargo, a pesar de que un vapor denso emergía de su boca cada vez que exhalaba por ella, el frío no le molestaba en lo absoluto, pues de alguna manera, lo hacía sentir vivo, como pocas cosas... como ella.

Sacudió la cabeza para evitar pensar en Sara, y siguió avanzando como caballo de feria, ceñudo, repasando mentalmente lo que tenía que hacer ese día en el trabajo, hasta que un ruido de pronto lo desconcentró.

Miró a sus pies encontrándose con una indefensa hoja seca, quebrada por el pisotón que le dio, y sin querer, sonrió para sí, deteniéndo su marcha.

No lo había notado; sus días transcurrían tan vertiginosamente que ni se percató que ya había llegado el otoño a su fin, con todo lo que traia aparejado. Días grises, árboles desnudos, y el pavimento adornado con una manta de hojas anaranjadas y café.

"Volveré cuando el otoño se extinga para darle paso al invierno" había dicho ella, guiñándole un ojo, antes de subirse al avión y luego de darle un apretado abrazo.

Inconscientemente, giró su cabeza buscándola, a sabiendas de que era una tremenda estupidez. Su suerte no se caracterizaba por ser de aquellas que lo sorprendía, de hecho, era más probable que sobre su cabeza flotara una nube oscura y cargada de agua, a que ese mismo día, en ese mismo instante que se había percatado que el otoño había dicho "me voy", la viera por casualidad en plena estación central. A la que lo hacía sonreír con sus niñerías, y le rebatía cada palabra de manera tozuda. A la que lo sorprendía con sus ocurrencias, y que lo llevaba a cometer las más ridículas locuras. A la que extrañaba siempre, aunque a veces, desearía no haberla conocido. A la que amaba incondicionalmente... pero a la cual, sólo podría tener como mejor amiga.

... No había contado con que a veces, el destino sólo nos otorga dádivas para desconcertarnos ...

Unas manos enguantadas de rojo emergieron desde su espalda, encima de sus hombros, y taparon sus ojos. "¿Quién soy?" Preguntó una voz aguda y melodiosa, entre risas traviesas, mientras le soplaba el cuello para alterarlo. Sabía que lo perturbaba. Era maligna, perversa, no recomendada para su salud mental, pero aún así, no podía evitar alegrarse por tenerla de vuelta.

- Eres mi peor pesadilla - contestó, destapándo sus ojos para poder mirarla, sabiendo que su respuesta era en parte mentira... y en parte verdad.

2 comentarios:

natisluna | 7 de junio de 2009, 7:32

awwww me encantó +.+

M.B. Black | 8 de junio de 2009, 23:44

woooooow
;D
ame lo del final
y lo de que solo lo puede tener como amiga u__u
ai, el dilema de la vida xD
me acorde de Draco <3
y con el nombre, Sara... me acorde de como le quiero poner a mi hija xD
ando algo desvariante(:
pero escribres divino^^

~ M.B. Black